Red de Periodistas Multimedia [RPM]

Reflexionando sobre el periodismo digital en Colombia e Iberoamérica


La tecnología brindó herramientas que permitieron a los abuelos descubrir un universo sin límites. Gracias a esta inserción, se ha combatido el asilamiento, el sedentarismo, y les ha permitido a personas de la tercera edad conocer nuevos horizontes.

 

En estos tiempos, para la mayoría de los habitantes del planeta, es impensado vivir al margen de las nuevas tecnologías y la informática. Sin embargo, estos rasgos generales y llenos de promedios extraídos mayormente de encuestas que sólo arrojan números duros, están compuestos por distintas realidades que surgen de la suma de los segmentos de población que son objetos de dichas investigaciones. En esta oportunidad, Dattamagazine cuenta con la posibilidad de ver, desmenuzar, y sacar conclusiones, acerca de una parte, de un nicho dentro de la sociedad conformado por los adultos mayores y su relación precisamente con toda la cuestión neo tecnológica a la que viene tratando de acostumbrarlos este siglo de la información, quienes han sabido demostrar que no existen límites para subirse al ruedo tecnológico. Cómo la usan, en qué ocasiones la eligen, qué prefieren saber de ella, y en qué se sienten beneficiados los (en algunos casos) abuelos que transitan por el 2012.

La experiencia en la vida es una de las cosas más añoradas en cualquiera de las etapas que los seres humanos tienen que transitar. No está claro si se trata de una ecuación entre vivencias adquiridas y formas de ver las cosas, o una función abarcativa (del tipo que fuere) entre lo que es instintivo y lo que es propio de lo elegido. Pero lo cierto, podría rondar, o, mejor, definirse, por las ganas de vivir una vida eterna o al menos más de una. Cada vez que la tecnología propone un cambio -y, a fuerza de verdad, puede admitirse que sucede con más frecuencia de la que el común de la gente podría asimilar- surge de repente la pregunta repetida "¿en qué derivará todo de acá a unos pocos años?". Del futuro siempre incierto, poco se arriesgará con aires de afirmación; más, del día a día que propone esta sociedad, habrán muchas cosas por decirse/confirmarse/vanagloriarse/desmentirse. Todos formamos parte de una sociedad massmediatizada desde hace varias décadas, lo que inferiría que la adaptación a medios de comunicación tradicionales es un hecho concretado y concreto. Aunque mirando bien al 2012, no puede escaparse que la red de redes, tan globalizada, admite sólo reafirmación de cuánta dependencia a ella tiene la sociedad en su conjunto. Niños, jóvenes, adultos, y adultos mayores están inmersos en este nuevo paradigma que propone esta centuria. Con los niños con todo por aprender y aprehender, con los jóvenes que deleitan a veces con el uso de la computación, y con los adultos que, tal vez de a ratos trastabillando, adquirieron hábitos de consumo de internet, quizás haya mucho dicho hasta hoy. Pero, al hablar sobre quienes forjaron la sociedad actual, personas que hoy oscilan dentro del rango de la ex tercera edad (hoy llamados "adultos mayores"), viene a la mente un conjunto de preguntas sin responder y prejuicios a la hora de asociarlos a las nuevas tecnologías. Bien.¿Cuántos lectores de Dattamagazine habrá que tienen, además del disfrute de ver a sus abuelos a diario, la posibilidad de ayudarlos a "amigarse con la tecnología" (como decía una publicidad), de enseñarles a manejar internet e indicarles de qué se trata y cómo se usa una red social? El preconcepto apunta a que podría llegar a creerse que nuestros adultos mayores no están interesados en aprender "esas cosas". Sin embargo, indagando a gente de la franja estaría entre 60 y 75 años, se cae en la cuenta de que no deja de ser eso: sólo un prejuicio. Pues muchas más personas de las que se pueda imaginar están dispuestas (y por cierto, con muchas ganas) a podes absorber conocimientos que les permitan notarse incluidos en el siglo XXI. Las razones que esgrimen son varias, pero hay algunas que sobrevuelan en la mente de la mayoría de nuestros abuelos. Por ejemplo, el hecho de tener la posibilidad de volver a conectarse con gente que hace mucho no ven, o hasta animarse a conocer a gente nueva en su vida. Entre los motivos, se encuentra muy presente el hecho de escaparle a la soledad, a ese confín indeseado, o también a este presente en donde los aloja la sociedad en su conjunto, un poco apartados ya de la construcción diaria del mundo.

 

Encuentros cercanos del tercer tipo (pero por videoconferencia)

Las vicisitudes y circunstancias de la vida suelen encontrar a cada uno, en situaciones poco pensadas  o felices, como puede ser el distanciamiento de familiares y amigos que, en tiempos anteriores formaban parte del círculo de lo cotidiano. Una de las revoluciones que arrojó la invención de internet, fue justamente el de contar primero con una conexión instantánea, y luego con el comienzo de la comunicación, proceso que a fuerza de verdad, viene a cumplirse en segunda instancia aunque no siempre (pero no será este el artículo periodístico indicado para aclarar las diferencias entre conexión y comunicación). Esto dio paso a poder ubicar a personas que formaban parte de un pasado (a veces remoto) con quienes se han vivido parte de la niñez, adolescencia, o crecimiento en general (podrá ser el caso de encontrarse con ese primer novio o amigos ya lejanos que marcaron  algunos caminos de la vida de cada persona, por ejemplo). Las personas que se hayan en este período de adultez mayor, confiesan que lo primero que añoran es tener la posibilidad de ver qué ha sido de la vida de las ramas de la familia de las que han perdido todo rastro (por peleas anacrónicas, por mera circunstancia del destino o  lo que fuere). A través de redes sociales como Facebook o por medio de chats instantáneos como Live Messenger, culminan haciendo realidad la posibilidad de rastrear su pasado, de encontrarse con esas vidas anteriores vividas, y de ponerse el día con todo lo que se han perdido desde la separación hasta ahora que se vuelven a juntar (virtualmente en principio, pero luego muchos logran rencuentros reales contantes y sonantes, como nunca lo hubieran imaginado).

Otra arista de lo favorable que resultó la era de la convergencia de las comunicaciones, incide directamente en la conformación de nuevas amistades. Rompiendo cualquier preconcepto, los adultos mayores se animan cada vez y con mayor ímpetu a conocer pares (de igual o distinto sexo) a través de la red de redes. Llámenle aggiornamiento, o como fuere, este segmento de la sociedad parece no estar dispuesto a sucumbir ante los avances de la informática y sí deseosos de subirse al tren de la novedad, para sacarle el mayor provecho posible. Son repetidas las oportunidades en que, en entrevistas personales, hombres y mujeres que superan la los 65 años (y muchas veces con  creses) confiesan abiertamente que encuentran divertido establecer contactos con extraños que hasta pueden llegar a convertirse en ciber-amigos, indistintamente de qué edad declare su nuevo interlocutor. Lógicamente, cada red social con sus particularidades, sus reglas de privacidad parecidas o distintas en unos casos y en otros, hacen más fácil la concreción del deseo de compartir al menos una parte de las vivencias de cada cual. Y sucede que, más de una vez, se pasa de la virtualidad de ser ciber-amigo a una relación personal, frente a frente, para quienes se animan/arriesgan a un poco más.

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Etiquetas: edad, magali, sinopoli, tecnología, tercera

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